domingo, 29 de abril de 2018

Sandra López


¿DÓNDE  ESTÁ  LO  QUE  DE  VERDAD  IMPORTA?




 - ¿Por qué seré tan desgraciada? -decía cenicienta con desesperación.
 De pronto, sucedió algo increíble; se le apareció un hada Madrina muy buena y muy poderosa.Y con voz suave, tierna y muy agradable le dijo a cenicienta; - No llores más, te ayudaré.
-¿De verdad ?- dijo cenicienta un poco incrédula -¿pero cómo vas a ayudarme ? ¡no tengo ningún vestido bonito para ir al baile y mis zapatos están todos rotos!
 La hada madrina saco su varita mágica y con ella toco suavemente a cenicienta, y al momento ¡Oh, que milagro! un maravilloso vestido apareció en el cuerpo de cenicienta, así como también unos preciosos zapatos. 
 Ahora ya puedes ir al baile

Todas o la gran mayoría de nosotras conocemos este famoso e infantil cuento, hace soñar a tantas y tantas jovencitas, con el hermoso príncipe azul que les convertirá en una increíble princesa.

Esta tarde sentada en el jardín de mi casa recordando este cuento con algunas de las adolescentes que concurren a la reunión vino a mi mente un pensamiento y quiero compartirlo aquí.

Si miramos el cuento, el fragmento que te compartí, notaremos que una de las mayores preocupaciones de Cenicienta era en ese momento su apariencia.
¿Con qué vestido se presentaría en palacio?
¿Qué de sus zapatos, con qué iría?
El hada resuelve todas sus necesidades en un minuto.

Muchas veces nos comportamos así con nuestro Dios.
Comenzamos a pensar : bueno no voy a la iglesia porque la verdad no tengo que ponerme para ir.
Es que mis calzados ya están gastados.
¿Qué dirán las personas de mi congregación si me ven asi?
Mejor no voy.

De todas las decisiones que en estas circunstancias podemos tomar, nos quedamos con la peor, decidimos no ir al encuentro de nuestro Padre.

Hace unos días quedé en pasar a buscar una amiga para la reunión de oración.
Ya estaba yendo a su casa cuando me llama por teléfono y me dice:
-Lo siento no puedo ir, ha llovido mucho y solo tengo mi pantalón de andar diario para ponerme. Así no voy a ir a la casa de Dios.-
Por más que me esforcé en hacerla cambiar de idea no fue posible.
Me sentí triste, su ropa exterior le impidió renovar la interior.

Muchas veces sucede esto. Vivimos en una sociedad que da prioridad a como lucimos, más que a como realmente somos.

La Biblia nos recuerda que nuestro Padre Celestial no es así.
A él no le importa tu apariencia externa.
El no está buscando aspirantes a modelos de belleza o personas que deslumbren con sus atuendos.

Nuestro Señor busca algo más. Mira lo que nos dice en 

1Samuel 16:7b



Cuando venimos a su presencia él está esperando con amor para recibirnos y sus ojos se fijan en nuestro corazón.

Una actitud humilde,un corazón agradecido, una fe sencilla son atuendos que valora en nosotras el gran Creador.

Es importante cuidar nuestro exterior, somos el templo del Espíritu Santo.
Sentirnos bien con nosotras en lo referente al vestido, calzado y peinado claro que es importante.
Nuestro Señor lo sabe por eso tenemos esa inquietud de siempre estar lindas.

Pero no debemos de olvidar donde está lo que de verdad importa.
Lo que realmente mira nuestro Dios está en nuestro corazón.
Nuestro exterior debe ser un reflejo de nuestro corazón. Preocupemos de vestirlo con las joyas preciosas que nos da nuestro Padre.

Vistámonos de amor, de bondad, de misericordia, de prudencia, de fe sencilla y consecuente, de gratitud, de humildad.

Procuremos alegrar Su corazón cada vez que vayamos a su encuentro.

Cenicienta deslumbró al príncipe por un rato, a la hora señalada el encanto terminó y quedó descubierto quien era en realidad.

Procuremos mostrarnos tal cual somos, él se encargará de cambiar nuestras ropas viejas por vestidos nuevos.
Cambiará en danza nuestro lamento, quitará el dolor y la tristeza y nos dará un cántico nuevo.

Lo increíble de esto es que esos vestidos nuevos en nuestro corazón no desaparecerán mientras vivamos tomadas de su mano, caminando sus caminos y buscando agradarle a él cada día.

Lo que de verdad importa está en nuestro corazón.
Allí habita lo eterno, lo que viene del Padre de amor.
Lo exterior se desgasta, se acaba.
Lo interior cada día se renueva, es para siempre.

No olvides; prepara tu corazón para encontrarte con tu Señor. 
Déjalo brillar en sus manos y brillará tu exterior, tanto que muchos anhelarán tu belleza.

Nuestro Padre te bendiga grandemente.
Nos leemos pronto. Abrazo enorme.




RECUERDA DIOS TE AMA Y NOSOTRAS TAMBIEN.

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3 comentarios:

Julio

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